¿Qué me puede aportar un curso sobre Educación Emocional para adolescentes?

ARTÍCULO 2: EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA ADOLESCENTES

En primer lugar hay es importante conocer el alcance que las creencias, prejuicios y estereotipos que tenemos en nuestra cabeza, y como esas creencias afectan en nuestra percepción de la realidad.

¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío?

Estamos en un momento de auge de la Psicología Positiva y de la Psicología Coaching, y cada vez más se encuentran estudios que avalan la importancia de educar en el aula en el manejo y gestión emocional, así pues, podemos coger lo mejor de cada rama a fin de ser los mejores educadores (y personas), que podamos ser.

En cuanto al Coaching aplicado a la Educación, hay varias herramientas, técnicas y métodos que puede resultarnos especialmente útiles a la hora de educar en el manejo y gestión emocional. En las sesiones de “Educación Emocional para adolescentes” de Mari Carmen López Martínez descubrirás entre otras cosas cuales son las cualidades de un buen docente o las sutilezas de la comunicación no verbal.

¿Sabes por qué es importante saber dar un feedback eficaz? Porque así las personas sabrán que estamos escuchando y entendiendo lo que nos dicen de forma plena. Otras habilidades que nos pueden resultar útiles en el emocionante mundo de la Educación Emocional para adolescentes, es la intuición, que se puede desarrollar a través de ejercicios o actividades.

Para aprender o enseñar sobre el reconocimiento y gestión emocional, primero, hemos de saber identificar las emociones, tras ello, sería el turno de aumentar o consolidar la autoestima, también es importante aprender a controlar los impulsos, fomentar y entender la motivación intrínseca del alumnado, además de trabajar en la educación de habilidades sociales, como son la empatía o la asertividad. Por último, pero no por ello menos importante, el optimismo es una variable muy a tener en cuenta, ya que dependiendo de dónde pongamos el foco de atención o de con qué filtro evaluemos la realidad, así actuaremos consecuentemente.

Todas estas cosas, y muchas más, puedes descubrir si quieres aprender de manera práctica y con un amplio repertorio de recursos para adaptar todos los materiales a las necesidades del alumnado. ¿Te atreves?

 

Mari Carmen López Martínez

 

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Descubre el talento que hay en tu interior

¿Por qué no vibrar y disfrutar no sólo con tus hobbys, sino también con tu profesión? ​Todos y cada uno de nosotros sabemos que somos únicos. Pero la mayoría pasamos por desapercibido que también tenemos un talento único.

Debido a lo que nos está aconteciendo en las últimas décadas en materia de educación, no lo definiría como una crisis, sino más bien como una globalización determinada por diferentes factores globalizadores. ¿Te propongo un trato para hacer frente a esta globalización social? A partir de hoy vamos a adquirir una noción que nunca nos hemos parado a pensar. Todos y cada uno de nosotros tenemos un talento, que además de ser único, nos hace ser grandes, excelentes y distinguidos.

Pero aquí viene la cuestión clave, ¿estimulamos a nuestros hij@s o alumn@s a que se pregunten qué piensan de ellos mismos? ¿Saben ellos en qué son buenos? Y lo más importante, ¿en qué son felices? ¿O preferimos simplemente ser aprobados por la sociedad donde vivimos? Tenemos que ser conscientes de ello y elegir: o nos centramos en vivir de acuerdo en qué pensarán los demás de nosotros, o comenzamos el camino de la búsqueda de nuestro talento y felicidad. 

Si queremos que nuestros hij@s o alumn@s encuentren su talento innato, tenemos que eliminar el único obstáculo existente para la propia grandeza de un niñ@, que no es otro que el temor a ser distinto.

Existen varias técnicas para encontrar el talento de un niño. Una de las más importantes a seguir es que los niñ@s tienen que experimentar todo lo que esté a su alcance, ya sea a nivel deportivo, en el ámbito alimenticio o en las amistades y relaciones que tienen a diario. Dejemos que practiquen todos los deportes que deseen, y así experimentar diferentes sensaciones, normas y valores. Dejemos que prueben sabores exquisitos que ofrece la vida. Dejemos que sean ellos mismos los que decidan si esa relación les aporta algo o no. Todo ello, sin dejar de orientarlos por ser sus padres, madres o tutores.

En ocasiones hay familias que les dicen a sus hij@s que no se relacionen con un compañero en concreto, u otros que asisten a una tutoría y plantean la opción de cambiar de sitio a su hij@ porque no quieren que esté sentado al lado de otro alumn@. En muchos de estos casos son las propias familias las que tienen algún problema entre ellas y lo focalizan con sus hij@s. Nos olvidamos que se trata de niños, que en un aula pocas veces hay maldad entre ellos y que pese a todo, pueden aprender unos de otros. ¿Quiénes somos nosotros para prohibir una amistad o una relación? 

La idea es animar a que los niños experimenten todo lo que puedan porque es clave para encontrar su talento. Aunque el talento no se encuentra por sí solo, hay que complementar dicha experiencia. Es esencial que durante el proceso en que tu hij@ o alumn@ esté buscando su talento, ir haciéndole las preguntas mágicas en cada una de las situaciones que experimentan: ¿esto que estás haciendo te hace feliz?, ¿por qué te gusta?, ¿disfrutas cuando lo haces? Así de fácil.

Cuando una persona hace algo que le gusta y al mismo tiempo es feliz sin importarle el día de la semana o la hora que está realizando esa actividad, está encaminada a descubrir su talento. Sin olvidar, que cuando detectemos que nuestro hij@ o alumn@ está disfrutando, es el momento de transmitirle que nos encanta verle feliz, multiplicando por diez su entusiasmo por esa actividad.

Para darnos cuenta de nuestros talentos, a medida que vamos experimentando en el transcurso de nuestras vidas, debemos saber en qué somos muy buenos. No vale afirmar que soy simpático, juego bien al fútbol o pinto cuadros y le gustan a mi familia. Debemos ser críticos con nosotros mismos, sabiendo cuáles son nuestras habilidades, hobbies, intereses y metas, al igual que nuestras limitaciones. Cuando lo consigamos seremos capaces de poder transmitirlo a nuestros hij@s o alumn@s.

¿Cómo? Un día uno de mis mentores me dio un consejo: ¿Quieres encontrar tu talento? Sólo hay una forma de encontrarlo. Enciérrate en tu habitación y detalla sobre papel todas y cada una de tus virtudes. No salgas de allí hasta que hayas llenado una hoja por delante y por detrás.

Tras una hora escribiendo en una hoja en blanco mis aptitudes y habilidades tenía que encontrar el punto donde se cruzaban dos flechas. Una flecha era la de mis talentos, es decir, qué cosas sabía hacer muy bien, al mismo tiempo que sentía pasión y felicidad cuando las llevaba a cabo. Así de fácil. La otra flecha era encontrar a quién podía servir con mis conocimientos actuales, mi talento, y en concordancia con la sociedad con la que vivimos. Digo esto porque hay que tener clara una premisa: si somos talentosos en cualquier habilidad determinada y ese talento no lo ponemos al servicio de los demás, no estamos aprovechando nuestro talento.

¿Qué quiero decir exactamente? Imagina que el mejor futbolista no jugara en ningún equipo. Que el cantante que más discos ha vendido no hubiera grabado ninguna canción. Que el pintor más grande se hubiera dedicado a cocinar, en vez de reflejar su visión del mundo en sus cuadros.

Por lo tanto, tras analizar las dos flechas y encontrar el punto donde se cruzan, ¡eureka! Es cuando has encontrado tu talento y, aún más importante, a quién vas a servir. 

Ahora bien, ¿qué hacer cuando ya has encontrado tu talento? Es decir, ¿qué hacer cuando disfrutas, te apasionas, gozas y sientes con lo que estás haciendo? Hay que volverse un genio en esa tarea. Como bien cita Sergio Fernández (escritor, conferenciante y formador), una de las mejores formas de conseguirlo es llevar a cabo la teoría de las 10.000 horas. Significa formarse, aprender, experimentar, aplicar, fallar y volver a empezar el ciclo durante 10.000 horas en tu campo determinado. De este modo, sin darte cuenta, te vuelves un experto en tu talento, ya sea en dibujar, construir, escribir, transmitir, administrar o comercializar.

Una vez un viejo sabio me dio un consejo: “En esta vida lo único que tienes que hacer es levantarte y ser feliz”. Y le pregunté: “¿Y cómo hago eso?” A lo que recibí como respuesta: “Vibra con todo aquello que hagas”. 

No tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo importante que es en esta vida disfrutar de lo que haces. Es inverosímil que aún haya gente que detesta los lunes esperando que sea viernes, porque no es feliz en lo que hace profesionalmente. ¿Por qué no vibrar y disfrutar no sólo con tus hobbys, sino también con tu profesión? La clave es sencilla, descubre tu talento y ponlo al servicio de los demá​s.

 

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3 consejos para comenzar a practicar Yoga con los niños

Hoy en día podemos encontrar multitud de referencias sobre la crianza respetuosa. Por suerte, sabemos que es necesario educar de forma distinta a los últimos veinte años y es fácil encontrar libros, webs con información, vídeos para aprender teorías o métodos que nos lleven a cambiar la forma de relacionarnos con los niños.

Todas estas teorías prometen una mejora en el desarrollo emocional del niño. Sus resultados aseguran que educar a través del Yoga, con psicología positiva o el método Montessori es garantía de un niño con mayor control de sus emociones, un niño que es capaz de auto regularse, de estar en calma, de resolver conflictos positivamente o de adquirir una mayor confianza en sí mismo. Saber esto resulta tan convincente que en ocasiones ¡nos olvidamos de lo realmente importante! ¿Cuáles son bases sólidas para consolidar estos aprendizajes?

 

Consejo 1: El Yoga no se enseña, se comparte.

Es importante no perseguir objetivos ni metas que alcanzar cuando practicamos yoga con los niños. No debemos esperar conseguir los resultados que tanto hemos leído en los libros o que esperamos que sucedan como consecuencia de “tal” ejercicio. Si nos sucede esto nos estaremos alejando de las enseñanzas de Yoga. Debemos abrirnos a la experiencia que estemos llevando a cabo aprendiendo a observar lo que sucede para así poder acompañar al niño en ese momento presente.

Yoga = Compartir = Acompañar = Proponer = Guiar

 

Consejo 2: Cada niño experimenta el Yoga de forma diferente.

Algunos niños conectan rápidamente con las prácticas y los juegos que se proponen. Son niños que encuentran una puerta para algo que llevaban tiempo buscando. Su naturaleza es explorar su mundo interior y aprender a desarrollar hábitos sociales como la empatía, la compasión, la solidaridad, la escucha… Ellos se sienten como en casa.

Probablemente, tienen facilidad para desarrollar lo que el Dr. Howard Gardner denominó Inteligencia Espiritual o Existencia entendida como “una Inteligencia que identifica la reflexión sobre cuestiones fundamentales de la existencia y el reconocimiento de la Espiritualidad como un estado de bienestar”. Desde que en 1983 el Dr. Gardner inició una primera revolución  al proponer una visión múltiple de la inteligencia en su libro “Inteligencias múltiples” en el que proponía la existencia de diferentes inteligencias presentes en las personas pero con un diferente nivel de desarrollo; debemos aceptar que no todos los niños respondan de la misma manera. Imagínate a Gandhi, Mozart o Newton en una misma aula. ¡¡Todos son inteligentes pero seguro que no responderían igual ante los mismos estímulos!!

En cambio, cuando un niño se resiste ante una práctica de Yoga y no siente interés o intenta impedir que se lleve a cabo, debemos tener la apertura para no juzgar y no frustrarnos. Si nuestras ideas previas, nuestra intención o nuestro foco estaban en los resultados; probablemente no podamos evitar sentir malestar, una sensación de que “no funciona” o que el esfuerzo hecho no merece la pena. Pero si en vez de esto, sabemos que nuestra intención debe estar en acompañar y guiar al niño, en ofrecer o proponer en vez de enseñar; conseguiremos responder de una forma más comprensiva, más empática. Y en ocasiones, en esa respuesta, ¡¡habrá mucho aprendizaje!!

 

Consejo 3: Tú eres el mejor ejemplo.

Hoy en día ya sabemos que educamos más por lo que hacemos que por lo que decimos. En verdad, los niños no siempre ponen atención a nuestros consejos o enseñanzas pero es fácil encontrarlos imitando nuestros comportamientos y reaccionando de la misma forma. Si pones tu foco y tú intención en la coherencia de tus actos, en tu propia práctica; será mucho más fácil que los niños comprendan y empiecen a practicar Yoga.

Si quieres que tus hijos comiencen practicar Yoga, inicia tu práctica regular e invítales a acompañarte. Algunos días quizás estén a tu lado y realicen algunos ejercicios contigo pero quizás pronto pierdan la atención y empiecen a jugar con otra cosa. Esto está bien, es natural. Otros días, puede que tengan más interés y te apetezca enseñarles algo nuevo: una técnica de respiración, una canción, una práctica de silencio… Habrá días que no muestren ninguna curiosidad y ni si quiera estén cerca cuando tú dediques tu tiempo a la práctica… Será el momento para que profundices en ella y disfrutes de ese momento para ti.

Si eres maestro y practicas con un grupo de niños en tu escuela o en algún centro, necesitarás alternativas para esos momentos de desconexión y desinterés.

Es muy recomendable dedicar las primeras sesiones a hablar de ello. Exponles las opciones que tienen. Háblales de que es normal que algunos días no tengan ganas. Ofréceles tus experiencias personales o anécdotas, ¡¡las valorarán!! Y abre puertas para que hablen sobre qué creen que pueden descubrir con el Yoga.

Será muy importante que prepares tus clases con cariño y dedicación. Desarrolla tu creatividad y sorpréndeles. Aunque no tengas expectativas es importante que planifiques y prepares tus clases con mucho detalle. El Yoga debe ofrecerles algo diferente, ¡¡algo especial!!

Si a pesar de ello, algún día un niño no quiere practicar, ¡¡respétalo!! Quizás puedes disponer de un rincón-caja con alternativas para esos momentos: mandalas, cojines, linternas, cuentos, mascotas, legos…

Cuando un niño es capaz de reconocer su desinterés por algo, lo comunica, lo expresa y siente que le comprenden y le ofrecen otra opción; ese niño ha descubierto una nueva forma de respetarse y de respetar. ¡¡Quizás ese día es uno de los que más ha aprendido!!

 

María Carballo

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¿Porqué educar en emociones?

ARTÍCULO 1: EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA ADOLESCENTES

    Todas las personas, cada día sentimos, pensamos y actuamos, es por ello que aprender a gestionar nuestras emociones conscientemente, y utilizar nuestras habilidades para relacionarnos con los demás, nos puede permitir superar las dificultades que pueden surgir de forma cotidiana de forma más eficaz y adaptativa.

    ¿La educación se trata de enseñar a resolver problemas matemáticas?, ¿o trata también de enseñarles a resolver las dificultades?. Durante muchos años la tendencia ha sido educar pensando en la inteligencia lógica-matemática, la naturalista o la lingüística. ¿Y qué pasa con el resto de inteligencias? Mucho más importante, ¿qué pasa con la inteligencia emocional?

     En las sesiones de “Educación Emocional para adolescentes” encontrarás las claves para aplicar la educación emocional en el aula, aunque siempre recomendaremos que se practique en la vida diaria. Podemos aprender mucho sobre nosotros mismos si ponemos el foco en las emociones, y además serviremos mejor como modelo a través del aprendizaje por obeservación o técnica del modelado.

     Pero…¿Qué es una emoción? Depende de a quien le preguntes, te dirá una cosa u otra. Por ejemplo, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define emoción como una “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.

    ¿Piensas que es una definición acertada? Ciertamente, se trata de una alteración del ánimo de ese momento, que puede ser más o menos intensa, dependiendo de la evaluación subjetiva de cada persona, que puede ser placentera o displacentera, que suele ir de la mano de manifestaciones corporales.

    Cuando se trata de emociones el quid de la cuestión es el manejo y gestión emocional. No hay emociones “buenas” o “malas”, todas las emociones nos hacen movernos, son adaptativas, nos envían señales de que algo no va como debería, o de que todo va bien… ¿Sabemos manejar nuestras emociones? ¿Conocemos nuestras emociones? Podemos estudiar a Daniel Goleman hasta la saciedad, aunque nos quedaría la parte práctica, la de bajar al terreno y ensuciarnos las manos.

    ¿Cómo ser entonces un buen educador en el manejo y gestión emocional? Lo ideal sería aprender la parte teórica y práctica.

    ¿Y cómo aprender la parte práctica? Se puede recurrir a alguien con experiencia en la educación emocional para adolescentes, como es Mari Carmen López Martínez, que durante muchos años ha estado trabajando en la asociación ASSEX (Asociación de Sexualidad Educativa) en Programas de Educación Emocional para adolescentes, además de colaborando con el Programa de Educación Emocional Arco Iris de Ana Peinado y Raúl Gallego, sobre todo el ámbito del profesorado.

    “Educación Emocional para adolescentes” está horneado con mucho cariño y esfuerzo. Es por ello que si quieres saber más sobre Educación Emocional para adolescentes, gestión y reconocimiento emocional, no lo pienses más, ¡es tu oportunidad!.

 

Mari Carmen López Martínez

 

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LA REVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN

LA REVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN


Los sistemas educativos actuales están anclados en modelos tradicionales. La educación y los métodos empleados apenas han variado en las últimas décadas. A pesar de la variedad de leyes e intentos de progreso y de mejora la dinámica en las aulas sigue siendo la misma. Estas dinámicas de aula, son dinámicas que favorecen un papel pasivo del alumno, como mero receptor de información. Se trata de metodologías que se alejan del aprendizaje significativo, y que desmotivan al alumno. Y ante esta realidad, nos encontramos con muchos niños y niñas que no tienen ganas de aprender, que se aburren en las aulas, y todo ello nos lleva hacía el fracaso escolar.


La educación tradicional


La educación tradicional respondía a las necesidades de una sociedad industrial y se ajustaba a sus señas de identidad. A lo largo de las décadas, la sociedad ha avanzado mucho, se ha transformado en una sociedad de la información y del conocimiento. Sin embargo, muchas escuelas se han quedado ancladas en ese modelo. Como consecuencia no se da respuesta a las necesidades actuales de la sociedad lo que conlleva un inevitable fracaso del sistema, que se traduce en el fracaso escolar de muchos estudiantes.


Las características de esta educación tradicional son:

  • Papel pasivo del alumno que se limita a recibir información.
  • Sistemas de evaluación que se centran en el resultado y en la etiqueta.
  • La no atención a la diversidad de formas de pensar, de aprender y la falta de respeto a los ritmos de desarrollo de cada uno, se pretende que todos alcancen los mismos objetivos, de la misma manera y al mismo tiempo.
  • Experiencias de aprendizaje demasiado rígidas.

La revolución en la educación


Si queremos enfrentarnos al devastador fenómeno del fracaso escolar, debemos hacerlo desde la transformación de las aulas y las experiencias educativas, a través de una auténtica revolución de la educación.
Los sistemas educativos necesitan una transformación, la revolución en la educación se convierte en una necesidad que no podemos dejar de lado. Resulta esencial cambiar nuestra visión y nuestra idea de la educación, del proceso de enseñanza y aprendizaje, nuestra idea del aula, para, de esta manera poder enfrentarnos al fracaso escolar, a través de:

  • Experiencias de aprendizaje más flexibles.
  • Devolver al alumno el papel protagonista activo que le corresponde. Al hacerlo le hacemos responsable de su proceso, se motiva y se interesa más por el mismo.
  • Llenar el proceso de aprendizaje de emociones positivas.
  • Centrarnos en el proceso más que en los resultados.
  • Respetar el ritmo de cada alumno, sus intereses, necesidades, formas de aprender y de pensar.
  • Devolver al aprendizaje las características propias de su esencia natural: la curiosidad, la acción, la exploración, etc.
  • Despertar las ganas de aprender de nuestros alumnos a través de experiencias de aprendizaje más apropiadas para ello.
  • Desarrollar la competencia de aprender a aprender, las técnicas de estudio y las habilidades de aprendizaje.

Los seres humanos somos seres que aprendemos, que tenemos un cerebro programado para aprender y lo hacemos constantemente a través de la experiencia. Se trata de utilizar nuestra capacidad natural y potenciarla. En los sistemas educativos tradicionales nos alejamos de esta naturaleza aprendiente y los entornos de aprendizaje se llenan de tensión, dejan de ser propicios para los aprendizajes. La revolución de la educación debe devolver al alumno las ganas de aprender y debe promover el aprendizaje, para enfrentarnos al fracaso escolar.
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Celia Rodríguez Ruiz

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