¿Qué me puede aportar un curso sobre Educación Emocional para adolescentes?

ARTÍCULO 2: EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA ADOLESCENTES

En primer lugar hay es importante conocer el alcance que las creencias, prejuicios y estereotipos que tenemos en nuestra cabeza, y como esas creencias afectan en nuestra percepción de la realidad.

¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío?

Estamos en un momento de auge de la Psicología Positiva y de la Psicología Coaching, y cada vez más se encuentran estudios que avalan la importancia de educar en el aula en el manejo y gestión emocional, así pues, podemos coger lo mejor de cada rama a fin de ser los mejores educadores (y personas), que podamos ser.

En cuanto al Coaching aplicado a la Educación, hay varias herramientas, técnicas y métodos que puede resultarnos especialmente útiles a la hora de educar en el manejo y gestión emocional. En las sesiones de “Educación Emocional para adolescentes” de Mari Carmen López Martínez descubrirás entre otras cosas cuales son las cualidades de un buen docente o las sutilezas de la comunicación no verbal.

¿Sabes por qué es importante saber dar un feedback eficaz? Porque así las personas sabrán que estamos escuchando y entendiendo lo que nos dicen de forma plena. Otras habilidades que nos pueden resultar útiles en el emocionante mundo de la Educación Emocional para adolescentes, es la intuición, que se puede desarrollar a través de ejercicios o actividades.

Para aprender o enseñar sobre el reconocimiento y gestión emocional, primero, hemos de saber identificar las emociones, tras ello, sería el turno de aumentar o consolidar la autoestima, también es importante aprender a controlar los impulsos, fomentar y entender la motivación intrínseca del alumnado, además de trabajar en la educación de habilidades sociales, como son la empatía o la asertividad. Por último, pero no por ello menos importante, el optimismo es una variable muy a tener en cuenta, ya que dependiendo de dónde pongamos el foco de atención o de con qué filtro evaluemos la realidad, así actuaremos consecuentemente.

Todas estas cosas, y muchas más, puedes descubrir si quieres aprender de manera práctica y con un amplio repertorio de recursos para adaptar todos los materiales a las necesidades del alumnado. ¿Te atreves?

 

Mari Carmen López Martínez

 

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Educación familiar: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

  • 14 May, 2017

La familia es uno de los principales agentes educativos. No será la primera ni la última vez que leáis algo así. Está claro que a través del día a día familiar nos formamos, crecemos y nos descubrimos a nosotros mismos, aunque luego entren en juego otros agentes sobre los que también deberemos reflexionar. 

 

El baile de poderes y responsabilidades

Generalmente crecemos en un ambiente del que recibimos mensajes, de forma directa o indirecta, cada segundo. Mensajes que, obviamente, nos educan: el ser humano nunca deja de aprender y nuestras experiencias vitales acaban siendo algo fundamental en este aprendizaje. Precisamente, de esto quiero hablaros: de lo importante que es ser conscientes de qué experiencias generamos en familia.

Como decía al inicio del post, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Guiar a los hijos no es tarea fácil. Nosotros tenemos unas expectativas que deseamos que se cumplan, es algo normal y difícil de eliminar. Tener expectativas sobre nuestra vida y la interacción con otros forma parte de nuestra personalidad. El problema, a mi parecer, surge cuando dejamos de revisar esas expectativas y empezamos a aceptarlas como promesas de futuro. Así, día tras días generamos mensajes que acaban impregnando la personalidad de los y las peques de casa. Que acaban formando su conducta, sus valores, sus miedos, incluso sus puntos fuertes y débiles. 

Claramente, no somos los únicos protagonistas. Conforme crecen y se vuelven independientes, veremos cómo salen de ese ambiente que hemos creado, aprenden de otros ambientes y personas y terminan, poco a poco, descubriéndose a sí mismos. Sin embargo, antes de que llegue ese momento, nosotros habremos pasado muchísimo tiempo con ellos, por lo que merece la pena plantearse si estamos viviendo ese tiempo o gastándolo. 

La familia tiene un poder importante. En ocasiones, termina siendo impositora de normas que generamos poco a poco, casi sin darnos cuenta. Sobre las que no solemos reflexionar y que recaen en los pequeños de la casa de forma unidireccional, sin diálogo ni opción a cambio. Otras veces genera un diálogo, facilita aprendizajes y vivencias pero detrás de la dinámica familiar termina habiendo un “dejar hacer” del que también es complicado salir. La conclusión es clara: no hay familia perfecta.

Entender nuestra responsabilidad familiar como la necesidad de ser perfectos supone generar estrés parental y frustraciones, además de ser una auténtica utopía. Pero entonces ¿cuál es la clave para aceptar nuestro poder y ejercer nuestra responsabilidad? 

 

Saber revisarnos

Si la familia perfecta no existe, creo que a lo que más podemos aspirar es a la revisión de nuestro papel. A aprender constantemente sobre esa responsabilidad que hemos adquirido y ejercer nuestro poder de la manera más democrática posible. La clave no está en ser una familia Instagram, pero sí en conocer nuestros puntos débiles y fuertes, comprender qué podemos hacer y ponernos manos a la obra.

Al igual que nosotros generamos expectativas sobre los demás, la sociedad genera expectativas sobre nuestro papel como familia. Y, dependiendo de nuestro contexto, entenderemos que hemos de ser más autoritarios, permisivos, o democráticos. Es más: acabaremos siendo una mezcla de esos tres estilos de crianza de los que tanto hablamos.  

Es importante que sepamos plantearnos preguntas de reflexión que nos hagan comprender la dinámica familiar y, si es necesario, cambiarla. Que entendamos nuestro papel como un aprendizaje más. Porque sin duda, a ser padres no se aprende en un curso ni en un libro: se aprende generando experiencias. Eso sí, esos cursos y libros pueden ayudarnos a revisarnos, reflexionar, comprender y construir nuevos momentos que nos hagan crecer juntos. 

La educación familiar debe incitar a la reflexión y el crecimiento propio.

Cada vez que hablo de educación familiar trato precisamente de fomentar la autoreflexión. De entender el ser padres como un camino, una experiencia más llena de aprendizajes en la que nadie, absolutamente nadie, es experto. Puede que en algunos momentos caiga en mi propia trampa y acabe contradiciéndome, pero en cada charla, cada curso… procuro dar ejemplos y dejar claro, unidad tras unidad, que la familia perfecta es un fantasma.

Es lo que he intentado en el curso Educación en Valores: Educar a través del ejemplo de Escuela con corazón. Ayudaros a conocer la educación en valores, algunos conceptos clave de vuestra dinámica familiar, pero también proponeros actividades donde podáis reflexionar y seáis vosotros mismos los que guieis vuestro aprendizaje. Para mí es importante que crezcáis a través de lo que reflexionáis sobre vosotros y no por lo que yo os pueda transmitir. 

Espero que a través del curso podáis aprender de mí tanto como yo aprenderé de vosotros, pero sobre todo, espero que podáis revisar vuestro poder como familias, para ejercer esa responsabilidad de forma que creéis en familia un conjunto de experiencias y momentos que les hagan crecer como personas y descubrirse a sí mismos, más allá de las expectativas que nosotros podamos esperar. 


Descubre el talento que hay en tu interior

  • 29 March, 2018

¿Por qué no vibrar y disfrutar no sólo con tus hobbys, sino también con tu profesión? ​Todos y cada uno de nosotros sabemos que somos únicos. Pero la mayoría pasamos por desapercibido que también tenemos un talento único.

Debido a lo que nos está aconteciendo en las últimas décadas en materia de educación, no lo definiría como una crisis, sino más bien como una globalización determinada por diferentes factores globalizadores. ¿Te propongo un trato para hacer frente a esta globalización social? A partir de hoy vamos a adquirir una noción que nunca nos hemos parado a pensar. Todos y cada uno de nosotros tenemos un talento, que además de ser único, nos hace ser grandes, excelentes y distinguidos.

Pero aquí viene la cuestión clave, ¿estimulamos a nuestros hij@s o alumn@s a que se pregunten qué piensan de ellos mismos? ¿Saben ellos en qué son buenos? Y lo más importante, ¿en qué son felices? ¿O preferimos simplemente ser aprobados por la sociedad donde vivimos? Tenemos que ser conscientes de ello y elegir: o nos centramos en vivir de acuerdo en qué pensarán los demás de nosotros, o comenzamos el camino de la búsqueda de nuestro talento y felicidad. 

Si queremos que nuestros hij@s o alumn@s encuentren su talento innato, tenemos que eliminar el único obstáculo existente para la propia grandeza de un niñ@, que no es otro que el temor a ser distinto.

Existen varias técnicas para encontrar el talento de un niño. Una de las más importantes a seguir es que los niñ@s tienen que experimentar todo lo que esté a su alcance, ya sea a nivel deportivo, en el ámbito alimenticio o en las amistades y relaciones que tienen a diario. Dejemos que practiquen todos los deportes que deseen, y así experimentar diferentes sensaciones, normas y valores. Dejemos que prueben sabores exquisitos que ofrece la vida. Dejemos que sean ellos mismos los que decidan si esa relación les aporta algo o no. Todo ello, sin dejar de orientarlos por ser sus padres, madres o tutores.

En ocasiones hay familias que les dicen a sus hij@s que no se relacionen con un compañero en concreto, u otros que asisten a una tutoría y plantean la opción de cambiar de sitio a su hij@ porque no quieren que esté sentado al lado de otro alumn@. En muchos de estos casos son las propias familias las que tienen algún problema entre ellas y lo focalizan con sus hij@s. Nos olvidamos que se trata de niños, que en un aula pocas veces hay maldad entre ellos y que pese a todo, pueden aprender unos de otros. ¿Quiénes somos nosotros para prohibir una amistad o una relación? 

La idea es animar a que los niños experimenten todo lo que puedan porque es clave para encontrar su talento. Aunque el talento no se encuentra por sí solo, hay que complementar dicha experiencia. Es esencial que durante el proceso en que tu hij@ o alumn@ esté buscando su talento, ir haciéndole las preguntas mágicas en cada una de las situaciones que experimentan: ¿esto que estás haciendo te hace feliz?, ¿por qué te gusta?, ¿disfrutas cuando lo haces? Así de fácil.

Cuando una persona hace algo que le gusta y al mismo tiempo es feliz sin importarle el día de la semana o la hora que está realizando esa actividad, está encaminada a descubrir su talento. Sin olvidar, que cuando detectemos que nuestro hij@ o alumn@ está disfrutando, es el momento de transmitirle que nos encanta verle feliz, multiplicando por diez su entusiasmo por esa actividad.

Para darnos cuenta de nuestros talentos, a medida que vamos experimentando en el transcurso de nuestras vidas, debemos saber en qué somos muy buenos. No vale afirmar que soy simpático, juego bien al fútbol o pinto cuadros y le gustan a mi familia. Debemos ser críticos con nosotros mismos, sabiendo cuáles son nuestras habilidades, hobbies, intereses y metas, al igual que nuestras limitaciones. Cuando lo consigamos seremos capaces de poder transmitirlo a nuestros hij@s o alumn@s.

¿Cómo? Un día uno de mis mentores me dio un consejo: ¿Quieres encontrar tu talento? Sólo hay una forma de encontrarlo. Enciérrate en tu habitación y detalla sobre papel todas y cada una de tus virtudes. No salgas de allí hasta que hayas llenado una hoja por delante y por detrás.

Tras una hora escribiendo en una hoja en blanco mis aptitudes y habilidades tenía que encontrar el punto donde se cruzaban dos flechas. Una flecha era la de mis talentos, es decir, qué cosas sabía hacer muy bien, al mismo tiempo que sentía pasión y felicidad cuando las llevaba a cabo. Así de fácil. La otra flecha era encontrar a quién podía servir con mis conocimientos actuales, mi talento, y en concordancia con la sociedad con la que vivimos. Digo esto porque hay que tener clara una premisa: si somos talentosos en cualquier habilidad determinada y ese talento no lo ponemos al servicio de los demás, no estamos aprovechando nuestro talento.

¿Qué quiero decir exactamente? Imagina que el mejor futbolista no jugara en ningún equipo. Que el cantante que más discos ha vendido no hubiera grabado ninguna canción. Que el pintor más grande se hubiera dedicado a cocinar, en vez de reflejar su visión del mundo en sus cuadros.

Por lo tanto, tras analizar las dos flechas y encontrar el punto donde se cruzan, ¡eureka! Es cuando has encontrado tu talento y, aún más importante, a quién vas a servir. 

Ahora bien, ¿qué hacer cuando ya has encontrado tu talento? Es decir, ¿qué hacer cuando disfrutas, te apasionas, gozas y sientes con lo que estás haciendo? Hay que volverse un genio en esa tarea. Como bien cita Sergio Fernández (escritor, conferenciante y formador), una de las mejores formas de conseguirlo es llevar a cabo la teoría de las 10.000 horas. Significa formarse, aprender, experimentar, aplicar, fallar y volver a empezar el ciclo durante 10.000 horas en tu campo determinado. De este modo, sin darte cuenta, te vuelves un experto en tu talento, ya sea en dibujar, construir, escribir, transmitir, administrar o comercializar.

Una vez un viejo sabio me dio un consejo: “En esta vida lo único que tienes que hacer es levantarte y ser feliz”. Y le pregunté: “¿Y cómo hago eso?” A lo que recibí como respuesta: “Vibra con todo aquello que hagas”. 

No tardé mucho tiempo en darme cuenta de lo importante que es en esta vida disfrutar de lo que haces. Es inverosímil que aún haya gente que detesta los lunes esperando que sea viernes, porque no es feliz en lo que hace profesionalmente. ¿Por qué no vibrar y disfrutar no sólo con tus hobbys, sino también con tu profesión? La clave es sencilla, descubre tu talento y ponlo al servicio de los demá​s.

 


¿Cómo controlar las rabietas de tu hijo?

  • 14 May, 2017

Parece que estar enfadado es algo malo. Que cuando los niños sienten rabia enseguida hay que decirles que no se sientan así, que los “niños buenos no se enfadan”. Sin embargo esta idea es un gran error.

El enfado es una emoción desagradable, pero es necesaria y positiva porque:

  • Facilita que se emprendan acciones para conseguir algo: si me quitan la pintura me enfado para poder recuperarla.
  • Facilita poder  marcar límites y protegernos: si me pegan me enfado y me defiendo para que no me vuelvan a pegar.

Así que como ves, el enfado es necesario. Es sano y normal.

Alguna vez te habrá pasado que cuando tu hijo se enfada, te contagias de dicho enfado y vas entrando en una bola de enfado que va creciendo y creciendo como si fuese una bola de nieve. A medida que la rabia de tu hijo aumenta, también lo hace la tuya. Cuando esa bola estalla, y el nivel de enfado desciende, te sientes mal. Piensas que la situación ha podido contigo y no has sido capaz de ayudar a tu hijo a entender lo que estaba pasando.

Tranquila, no eres la única que ha vivido esa situación. Se pasa mal y genera mucha impotencia, por eso te voy a explicar algunos consejos que puedes poner en práctica para controlar los enfados y rabietas de tu hijo. De esta forma, evitarás que esas situaciones se te vayan de las manos.

Pero si quieres saber más, sólo tienes que apuntarte al curso “Aprende a gestionar las rabietas de tu hijo”. Con él podrás entender porqué tu hijo tienes rabietas, saber cómo abordar sus enfados intensos incluso cuando se producen en lugares públicos y además, aprenderás a mantener la calma para poder hacer frente a las rabietas sin caer en los gritos o los castigos.

Volviendo al artículos que tienes entre manos, lo voy a dividir en tres partes:

  • ANTES del enfado. Fase de entrenamiento. Para estar preparados antes de que llegue el enfado.
  • DURANTE el enfado. Fase para poner en práctica las técnicas que has entrenado anteriormente.
  • DESPUÉS del enfado. Fase para hablar de lo ocurrido.

Antes del enfado

Mientras el niño se encuentra en una situación de calma y tranquilidad puedes aprovechar para entrenar la regulación del enfado.

¿Cómo? Jugando con él o contándole cuentos. El niño lo vivirá como algo divertido y placentero que comparte contigo, y sin darse apenas cuenta estará aprendiendo.

Antes del enfado vamos a prestar atención a 3 aspectos:

  1. Enseñar al niño respiración abdominal, es decir, relajada y calmada. Entrenando la respiración abdominal podemos recordarle al niño que la ponga en marcha cuando se enfade. Su cuerpo se relajará y el nivel del enfado descenderá. Existen multitud de juegos con los que puedes enseñarle a respirar de forma profunda y relajada, en el curso “Aprender a gestionar las rabietas de tu hijo” te propongo algunos de ellos.
  2. Enseñar al niño a identificar la emoción del enfado en la cara y el cuerpo. 

¿Cómo se pone la cara cuando estamos enfadados? ¿Cómo colocamos el cuerpo? ¿Qué sentimos en la barriga? Juegos como la mímica o contarle cuentos donde los protagonistas sientan enfado, puede ayudar al niño a identificar esta emoción y a generar estrategias para saber cómo regularla.

  1. Enseñar al niño a soltar energía de una forma adaptativa (sin hacer daño a nadie ni a él mismo). El enfado activa nuestro organismo para actuar, por eso tu hijo necesita soltar esa energía acumulada. Romper papeles o aplastar una bola de plastilina, pueden ser la alternativa a pegar o golpear a otros niños.

Durante el enfado

Imagina que tu hijo está viendo sus dibujos preferidos en la tele. Ya lleva mucho rato, además es tarde y decides que ya es hora de irse a la cama. Cuando se lo dices, él no quiere dejar de ver sus dibujos y… se enfada mucho.

Comienza a gritar, patalear… se le pone la cara roja, le da golpes al sofá…

Muy bien, pues ya estamos en la fase DURANTE EL ENFADO. ¿Qué hacemos?

En esta fase es muy importante: 

  • Mantener la calma. Ten en cuenta que la calma se contagia y además le estás dando tiempo para que pueda expresar su enfado. Recuerda que los enfados son normales, naturales y sanos; así que hay que dejar que los expresen para que a la larga no se conviertan en problemas.
  • Darle apoyo corporal. Permanecer a su lado les ayuda a regular la respiración, relajar las músculos y volver al mundo real para poder pensar.
  • Poner en marcha las estrategias aprendidas en la fase ANTES del enfado. Ten presente que cuando tu hijo está enfadado no es capaz de razonar. Así que, no es el momento de pedirle que entienda que eso que está haciendo no está bien. Además, si tu hijo tiene entre 3-5 años no tiene la suficiente madurez para poner en práctica por sí solo los ejercicios que habéis practicado para regular el enfado. Se los tienes que recordar tú, y lo tienes que hacer de una forma dulce y lúdica (por eso es importante mantener la calma).

Después del enfado

Esta última fase se caracteriza por Hablar del enfado. No porque el enfado haya sido mayúsculo, que también puede ser, sino porque hablar sobre el enfado es tremendamente importante.

Es la guinda del pastel que llevas días preparando. Desde que comenzaste a jugar a identificar emociones, pasando por el cuento y sus preguntas, hasta llegar a ayudarle a superar un enfado…Todo ese trabajo, que no es nada fácil, estará incompleto si después de vivir un enfado o una rabieta no dedicas un ratito a hablar sobre ello.

Pregúntale qué le había ocurrido (aunque tú creas saberlo, pregúntaselo para que sea él mismo quien te lo cuente), por qué estaba así, qué hizo que se le pasase… Le puedes recordar alguno de los cuentos y cómo sus personajes superaron el enfado. En definitiva, ayúdale a poner nombre a esa emoción.

No le juzgues. El enfado es una emoción normal, los niños son pura emoción y por eso la viven tan intensamente. Sólo hay que ayudarlos a regularla.

Utiliza expresiones del tipo: “No me gusta verte así”. Son mucho más eficaces y no hacen daño como el típico “no te quiero”.

Refuerza las cosas que sabe hacer. Díselas, apláudele por ellas, hazle consciente de sus destrezas y habilidades. Estarás alimentando su autoestima y haciendo de él, un niño/a feliz.

Recuerda

  • El enfado es una emoción sana y positiva.
  • Si está enfadado es por algo. No te lo tomes como un ataque hacia ti.
  • Para regular el enfado hay que entrenar ANTES, trabajar con mucha calma DURANTE y hablar sobre lo ocurrido DESPUÉS.
  • Cuando tu hijo aprende, tú también lo haces.

Y si quieres saber más sobre este tema sólo tienes que apuntarte al curso “Aprende a gestionar las rabietas de tu hijo”.


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