¿Qué me puede aportar un curso sobre Educación Emocional para adolescentes?

ARTÍCULO 2: EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA ADOLESCENTES

En primer lugar hay es importante conocer el alcance que las creencias, prejuicios y estereotipos que tenemos en nuestra cabeza, y como esas creencias afectan en nuestra percepción de la realidad.

¿Ves el vaso medio lleno o medio vacío?

Estamos en un momento de auge de la Psicología Positiva y de la Psicología Coaching, y cada vez más se encuentran estudios que avalan la importancia de educar en el aula en el manejo y gestión emocional, así pues, podemos coger lo mejor de cada rama a fin de ser los mejores educadores (y personas), que podamos ser.

En cuanto al Coaching aplicado a la Educación, hay varias herramientas, técnicas y métodos que puede resultarnos especialmente útiles a la hora de educar en el manejo y gestión emocional. En las sesiones de “Educación Emocional para adolescentes” de Mari Carmen López Martínez descubrirás entre otras cosas cuales son las cualidades de un buen docente o las sutilezas de la comunicación no verbal.

¿Sabes por qué es importante saber dar un feedback eficaz? Porque así las personas sabrán que estamos escuchando y entendiendo lo que nos dicen de forma plena. Otras habilidades que nos pueden resultar útiles en el emocionante mundo de la Educación Emocional para adolescentes, es la intuición, que se puede desarrollar a través de ejercicios o actividades.

Para aprender o enseñar sobre el reconocimiento y gestión emocional, primero, hemos de saber identificar las emociones, tras ello, sería el turno de aumentar o consolidar la autoestima, también es importante aprender a controlar los impulsos, fomentar y entender la motivación intrínseca del alumnado, además de trabajar en la educación de habilidades sociales, como son la empatía o la asertividad. Por último, pero no por ello menos importante, el optimismo es una variable muy a tener en cuenta, ya que dependiendo de dónde pongamos el foco de atención o de con qué filtro evaluemos la realidad, así actuaremos consecuentemente.

Todas estas cosas, y muchas más, puedes descubrir si quieres aprender de manera práctica y con un amplio repertorio de recursos para adaptar todos los materiales a las necesidades del alumnado. ¿Te atreves?

 

Mari Carmen López Martínez

 

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LA REVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN

  • 31 May, 2017

LA REVOLUCIÓN EN LA EDUCACIÓN


Los sistemas educativos actuales están anclados en modelos tradicionales. La educación y los métodos empleados apenas han variado en las últimas décadas. A pesar de la variedad de leyes e intentos de progreso y de mejora la dinámica en las aulas sigue siendo la misma. Estas dinámicas de aula, son dinámicas que favorecen un papel pasivo del alumno, como mero receptor de información. Se trata de metodologías que se alejan del aprendizaje significativo, y que desmotivan al alumno. Y ante esta realidad, nos encontramos con muchos niños y niñas que no tienen ganas de aprender, que se aburren en las aulas, y todo ello nos lleva hacía el fracaso escolar.


La educación tradicional


La educación tradicional respondía a las necesidades de una sociedad industrial y se ajustaba a sus señas de identidad. A lo largo de las décadas, la sociedad ha avanzado mucho, se ha transformado en una sociedad de la información y del conocimiento. Sin embargo, muchas escuelas se han quedado ancladas en ese modelo. Como consecuencia no se da respuesta a las necesidades actuales de la sociedad lo que conlleva un inevitable fracaso del sistema, que se traduce en el fracaso escolar de muchos estudiantes.


Las características de esta educación tradicional son:

  • Papel pasivo del alumno que se limita a recibir información.
  • Sistemas de evaluación que se centran en el resultado y en la etiqueta.
  • La no atención a la diversidad de formas de pensar, de aprender y la falta de respeto a los ritmos de desarrollo de cada uno, se pretende que todos alcancen los mismos objetivos, de la misma manera y al mismo tiempo.
  • Experiencias de aprendizaje demasiado rígidas.

La revolución en la educación


Si queremos enfrentarnos al devastador fenómeno del fracaso escolar, debemos hacerlo desde la transformación de las aulas y las experiencias educativas, a través de una auténtica revolución de la educación.
Los sistemas educativos necesitan una transformación, la revolución en la educación se convierte en una necesidad que no podemos dejar de lado. Resulta esencial cambiar nuestra visión y nuestra idea de la educación, del proceso de enseñanza y aprendizaje, nuestra idea del aula, para, de esta manera poder enfrentarnos al fracaso escolar, a través de:

  • Experiencias de aprendizaje más flexibles.
  • Devolver al alumno el papel protagonista activo que le corresponde. Al hacerlo le hacemos responsable de su proceso, se motiva y se interesa más por el mismo.
  • Llenar el proceso de aprendizaje de emociones positivas.
  • Centrarnos en el proceso más que en los resultados.
  • Respetar el ritmo de cada alumno, sus intereses, necesidades, formas de aprender y de pensar.
  • Devolver al aprendizaje las características propias de su esencia natural: la curiosidad, la acción, la exploración, etc.
  • Despertar las ganas de aprender de nuestros alumnos a través de experiencias de aprendizaje más apropiadas para ello.
  • Desarrollar la competencia de aprender a aprender, las técnicas de estudio y las habilidades de aprendizaje.

Los seres humanos somos seres que aprendemos, que tenemos un cerebro programado para aprender y lo hacemos constantemente a través de la experiencia. Se trata de utilizar nuestra capacidad natural y potenciarla. En los sistemas educativos tradicionales nos alejamos de esta naturaleza aprendiente y los entornos de aprendizaje se llenan de tensión, dejan de ser propicios para los aprendizajes. La revolución de la educación debe devolver al alumno las ganas de aprender y debe promover el aprendizaje, para enfrentarnos al fracaso escolar.
Si quieres ampliar los contenidos, apúntate al curso “Fracaso escolar”. No dejes pasar la oportunidad y aprovecha la oferta de lanzamiento con el cupón educayaprende50, tendrás un descuento directo del 50%.

 

Celia Rodríguez Ruiz

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¿Porqué educar en emociones?

  • 15 March, 2018

ARTÍCULO 1: EDUCACIÓN EMOCIONAL PARA ADOLESCENTES

    Todas las personas, cada día sentimos, pensamos y actuamos, es por ello que aprender a gestionar nuestras emociones conscientemente, y utilizar nuestras habilidades para relacionarnos con los demás, nos puede permitir superar las dificultades que pueden surgir de forma cotidiana de forma más eficaz y adaptativa.

    ¿La educación se trata de enseñar a resolver problemas matemáticas?, ¿o trata también de enseñarles a resolver las dificultades?. Durante muchos años la tendencia ha sido educar pensando en la inteligencia lógica-matemática, la naturalista o la lingüística. ¿Y qué pasa con el resto de inteligencias? Mucho más importante, ¿qué pasa con la inteligencia emocional?

     En las sesiones de “Educación Emocional para adolescentes” encontrarás las claves para aplicar la educación emocional en el aula, aunque siempre recomendaremos que se practique en la vida diaria. Podemos aprender mucho sobre nosotros mismos si ponemos el foco en las emociones, y además serviremos mejor como modelo a través del aprendizaje por obeservación o técnica del modelado.

     Pero…¿Qué es una emoción? Depende de a quien le preguntes, te dirá una cosa u otra. Por ejemplo, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) define emoción como una “alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática”.

    ¿Piensas que es una definición acertada? Ciertamente, se trata de una alteración del ánimo de ese momento, que puede ser más o menos intensa, dependiendo de la evaluación subjetiva de cada persona, que puede ser placentera o displacentera, que suele ir de la mano de manifestaciones corporales.

    Cuando se trata de emociones el quid de la cuestión es el manejo y gestión emocional. No hay emociones “buenas” o “malas”, todas las emociones nos hacen movernos, son adaptativas, nos envían señales de que algo no va como debería, o de que todo va bien… ¿Sabemos manejar nuestras emociones? ¿Conocemos nuestras emociones? Podemos estudiar a Daniel Goleman hasta la saciedad, aunque nos quedaría la parte práctica, la de bajar al terreno y ensuciarnos las manos.

    ¿Cómo ser entonces un buen educador en el manejo y gestión emocional? Lo ideal sería aprender la parte teórica y práctica.

    ¿Y cómo aprender la parte práctica? Se puede recurrir a alguien con experiencia en la educación emocional para adolescentes, como es Mari Carmen López Martínez, que durante muchos años ha estado trabajando en la asociación ASSEX (Asociación de Sexualidad Educativa) en Programas de Educación Emocional para adolescentes, además de colaborando con el Programa de Educación Emocional Arco Iris de Ana Peinado y Raúl Gallego, sobre todo el ámbito del profesorado.

    “Educación Emocional para adolescentes” está horneado con mucho cariño y esfuerzo. Es por ello que si quieres saber más sobre Educación Emocional para adolescentes, gestión y reconocimiento emocional, no lo pienses más, ¡es tu oportunidad!.

 

Mari Carmen López Martínez

 


Educación familiar: un gran poder conlleva una gran responsabilidad.

  • 14 May, 2017

La familia es uno de los principales agentes educativos. No será la primera ni la última vez que leáis algo así. Está claro que a través del día a día familiar nos formamos, crecemos y nos descubrimos a nosotros mismos, aunque luego entren en juego otros agentes sobre los que también deberemos reflexionar. 

 

El baile de poderes y responsabilidades

Generalmente crecemos en un ambiente del que recibimos mensajes, de forma directa o indirecta, cada segundo. Mensajes que, obviamente, nos educan: el ser humano nunca deja de aprender y nuestras experiencias vitales acaban siendo algo fundamental en este aprendizaje. Precisamente, de esto quiero hablaros: de lo importante que es ser conscientes de qué experiencias generamos en familia.

Como decía al inicio del post, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Guiar a los hijos no es tarea fácil. Nosotros tenemos unas expectativas que deseamos que se cumplan, es algo normal y difícil de eliminar. Tener expectativas sobre nuestra vida y la interacción con otros forma parte de nuestra personalidad. El problema, a mi parecer, surge cuando dejamos de revisar esas expectativas y empezamos a aceptarlas como promesas de futuro. Así, día tras días generamos mensajes que acaban impregnando la personalidad de los y las peques de casa. Que acaban formando su conducta, sus valores, sus miedos, incluso sus puntos fuertes y débiles. 

Claramente, no somos los únicos protagonistas. Conforme crecen y se vuelven independientes, veremos cómo salen de ese ambiente que hemos creado, aprenden de otros ambientes y personas y terminan, poco a poco, descubriéndose a sí mismos. Sin embargo, antes de que llegue ese momento, nosotros habremos pasado muchísimo tiempo con ellos, por lo que merece la pena plantearse si estamos viviendo ese tiempo o gastándolo. 

La familia tiene un poder importante. En ocasiones, termina siendo impositora de normas que generamos poco a poco, casi sin darnos cuenta. Sobre las que no solemos reflexionar y que recaen en los pequeños de la casa de forma unidireccional, sin diálogo ni opción a cambio. Otras veces genera un diálogo, facilita aprendizajes y vivencias pero detrás de la dinámica familiar termina habiendo un “dejar hacer” del que también es complicado salir. La conclusión es clara: no hay familia perfecta.

Entender nuestra responsabilidad familiar como la necesidad de ser perfectos supone generar estrés parental y frustraciones, además de ser una auténtica utopía. Pero entonces ¿cuál es la clave para aceptar nuestro poder y ejercer nuestra responsabilidad? 

 

Saber revisarnos

Si la familia perfecta no existe, creo que a lo que más podemos aspirar es a la revisión de nuestro papel. A aprender constantemente sobre esa responsabilidad que hemos adquirido y ejercer nuestro poder de la manera más democrática posible. La clave no está en ser una familia Instagram, pero sí en conocer nuestros puntos débiles y fuertes, comprender qué podemos hacer y ponernos manos a la obra.

Al igual que nosotros generamos expectativas sobre los demás, la sociedad genera expectativas sobre nuestro papel como familia. Y, dependiendo de nuestro contexto, entenderemos que hemos de ser más autoritarios, permisivos, o democráticos. Es más: acabaremos siendo una mezcla de esos tres estilos de crianza de los que tanto hablamos.  

Es importante que sepamos plantearnos preguntas de reflexión que nos hagan comprender la dinámica familiar y, si es necesario, cambiarla. Que entendamos nuestro papel como un aprendizaje más. Porque sin duda, a ser padres no se aprende en un curso ni en un libro: se aprende generando experiencias. Eso sí, esos cursos y libros pueden ayudarnos a revisarnos, reflexionar, comprender y construir nuevos momentos que nos hagan crecer juntos. 

La educación familiar debe incitar a la reflexión y el crecimiento propio.

Cada vez que hablo de educación familiar trato precisamente de fomentar la autoreflexión. De entender el ser padres como un camino, una experiencia más llena de aprendizajes en la que nadie, absolutamente nadie, es experto. Puede que en algunos momentos caiga en mi propia trampa y acabe contradiciéndome, pero en cada charla, cada curso… procuro dar ejemplos y dejar claro, unidad tras unidad, que la familia perfecta es un fantasma.

Es lo que he intentado en el curso Educación en Valores: Educar a través del ejemplo de Escuela con corazón. Ayudaros a conocer la educación en valores, algunos conceptos clave de vuestra dinámica familiar, pero también proponeros actividades donde podáis reflexionar y seáis vosotros mismos los que guieis vuestro aprendizaje. Para mí es importante que crezcáis a través de lo que reflexionáis sobre vosotros y no por lo que yo os pueda transmitir. 

Espero que a través del curso podáis aprender de mí tanto como yo aprenderé de vosotros, pero sobre todo, espero que podáis revisar vuestro poder como familias, para ejercer esa responsabilidad de forma que creéis en familia un conjunto de experiencias y momentos que les hagan crecer como personas y descubrirse a sí mismos, más allá de las expectativas que nosotros podamos esperar. 


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